VISIÓN POLÍTICA
Por: Fernando Cruz López.
México enfrenta un problema quizá más grave que la corrupción misma: la impunidad y su normalización.
Durante los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación se han acumulado escándalos, auditorías, denuncias e investigaciones por presuntas irregularidades que involucran a funcionarios, exfuncionarios y personajes cercanos al poder y nada ha pasado, no hay culpables, no hay justicia simplemente.
Ahí está el caso de Segalmex, Birmex, el huachicol fiscal, Tren Maya, Dos Bocas, Conahcyt, y ahora las investigaciones relacionadas con la gestión de Guadalupe Taddei en el INE forman parte de una larga lista.
Debo destacar que en todos estos escándalos de corrupción, existe un denominador común: los grandes responsables, esos políticos mañosos, rara vez terminan enfrentando consecuencias judiciales definitivas.
Hay denuncias. Hay expedientes. Hay auditorías. Algunos funcionarios menores han sido detenidos o separados de sus cargos. Pero arriba, muy arriba, pareciera existir otra justicia.
Y que destacar que eso resulta particularmente grave para un movimiento que llegó al poder prometiendo barrer la corrupción “de arriba para abajo”.
No debemos prejuzgar: corresponde a los tribunales determinar responsabilidades. Pero precisamente por eso resulta indispensable que las investigaciones lleguen hasta sus últimas consecuencias, sin importar nombres, parentescos, cargos o filiaciones políticas.
La presidenta Claudia Sheinbaum tiene la enorme oportunidad de marcar distancia de cualquier percepción de encubrimiento. Que se investigue todo. Que comparezca quien tenga que comparecer.
Y quien resulte responsable, que pague.
Jamás olvidemos que cuando un gobierno permite que escándalo tras escándalo termine sepultado por el siguiente, la impunidad deja de ser excepción y comienza a convertirse en sistema.
Y eso sí que debería preocuparnos a todos… Sígame en X como @visionpolitica7



