Visión política
Por: Fernando Cruz López
La política oaxaqueña siempre ha sido un terreno donde el polvo selevanta más rápido que la verdad, pero lo ocurrido en la sucesión de la Junta de Coordinación Política del Congreso revela un capítulo especialmente turbio: el intento de Benjamin Viveros por aferrarse a un poder que ya no le correspondía. La historia es sencilla, pero sus implicaciones son profundas. Viveros, sobrino del gobernador y supuesto aliado cercano, demostró que la lealtad no siempre fluye por la sangre. En lugar de asumir el relevo institucional, emprendió una campaña de intrigas, rumores y golpes bajos contra Tania Caballero, quien finalmente asumió la presidencia de la JUCOPO con el respaldo mayoritario de su bancada.
El intento de Viveros por reelegirse fue un fracaso anunciado. Apenas ocho diputados lo acompañaron en su loca aventura, los mismos que han prosperado al calor de sus favores económicos y de la comodidad de obedecer sin cuestionar. El resto de legisladores de Morena le cerró la puerta y envió un mensaje contundente: el Congreso no es un feudo heredado, ni un negocio personal, ni un escalón para la ambición envuelta en discursos de unidad. Su derrota no fue aritmética, fue moral. Porque quien traiciona desde adentro no solo se desacredita: también desnuda su verdadero rostro.
Otro personaje que navega en esa misma marea de deslealtad es el diputado Nicolás Feria. Públicamente presume adhesión, respeto y cercanía con el Ejecutivo, pero en privado se dedica a esparcir veneno contra la nueva presidenta de la JUCOPO y contra la propia familia del gobernador. Esa doble cara, tan común en la política, resulta especialmente dañina cuando se disfraza de disciplina partidista mientras, por debajo del agua, dinamita la confianza y alimenta el conflicto interno. Feria interpreta el papel del aliado perfecto en los eventos públicos, pero tras bambalinas se comporta como un opositor encubierto.
La llegada de Tania Caballero a la presidencia de la JUCOPO representa algo que incomoda a quienes han lucrado con las sombras del poder: orden, transparencia y una nueva correlación de fuerzas en el Congreso. Su elección no solo marca un relevo institucional, sino el comienzo de una necesaria limpieza. Porque Morena no puede aspirar a gobernar con autoridad moral si tolera que, desde adentro, personajes resentidos jueguen a ser francotiradores políticos mientras simulan lealtad.
Oaxaca ya tiene suficiente con los retos de seguridad, desarrollo y gobernabilidad. No merece que sus representantes conviertan el Congreso en un ring de ambiciones personales ni en un escenario de traiciones familiares. La política interna de Morena en el Congreso exhibió sus grietas, pero también su capacidad para corregir. Y esa corrección tiene nombre: Tania Caballero. Ahora tocará demostrar que la unidad verdadera no se construye con aplausos fingidos ni con intrigas palaciegas, sino con trabajo, transparencia y firmeza frente a quienes confunden liderazgo con propiedad privada del poder.

