La maestra Esther Shabot, especialista en Medio Oriente, describe el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel como un «impasse» estratégico. Un supuesto acuerdo de cese al fuego, iniciado el 28 de febrero, que incluía la reapertura del estrecho de Ormuz a cambio de importantes beneficios para Irán, se ha deteriorado con ataques recientes y la incertidumbre sobre el programa nuclear iraní.
El conflicto ha visto una reactivación de las hostilidades. Tras un acuerdo que levantaba sanciones y permitía a Irán comerciar su petróleo más libremente, el compromiso del país de Medio Oriente de discutir su programa nuclear en 70 días no ha avanzado.
3 semanas después, la prometida apertura del estrecho de Ormuz no se ha cumplido plenamente. La maestra Shabot señaló un ataque iraní a tres embarcaciones comerciales en el estrecho, lo que provocó respuestas militares estadounidenses contra instalaciones nucleares y militares en Irán, incluyendo el puerto de Bandar Abbas.
«Las ganancias que Irán ganó fueron muchísimas, realmente ganó un levantamiento de las sanciones, una posibilidad de comerciar su petróleo de manera mucho más libre, sin más compromiso que platicar a lo largo de los siguientes 60 días acerca de cómo se iba a manejar el tema nuclear».
Conflicto en el estrecho de Ormuz: las claves de la tensión entre EU e Irán
La intervención de Estados Unidos e Israel, que incluyó el asesinato del ayatolá Jamenei el 28 de febrero, se basó en un «cálculo erróneo» al subestimar la resistencia iraní y el impacto del estrecho de Ormuz. La campaña militar ha sido una «catástrofe» para el presidente Trump, cuya popularidad se desplomó debido a la falta de aprobación ciudadana.
Los objetivos de Irán, según Shabot, son claros: mantener su régimen clerical teocrático, a pesar de una grave crisis económica y un manejo «torpe y corrupto».
El país, con 95 millones de habitantes, busca expandir su revolución islámica, con la destrucción de Israel como objetivo primario y la de Estados Unidos como segundo. Esta agenda mesiánica religiosa es vista con temor por países árabes como Arabia Saudita, Kuwait, Bahréin y Marruecos.
«Lo que los iraníes quieren es muy sencillo, es seguir sosteniendo el régimen clerical teocrático que gobierna al país, que es un país muy grande con noventa y cinco millones de habitantes, con abundantes recursos petroleros, pero con una gravísima crisis económica en función del manejo torpe y corrupto que ha habido dentro del régimen».
El factor del extremismo religioso es determinante
Las perspectivas para una resolución pacífica no son optimistas. El régimen teocrático no ha caído, ni se ha controlado el uranio enriquecido.
La especialista aseguró que Irán ha reprimido brutalmente a su ciudadanía, con cerca de 40,000 ciudadanos asesinados en enero y febrero por protestar penurias económicas.
La ausencia de liderazgos alternativos en Irán, apuntó, debido a 47 años de un régimen vertical y autoritario, complica cualquier transición. La maestra Shabot advierte que la persistencia del régimen mantiene riesgos como la exportación del terrorismo islámico, mencionando atentados en Buenos Aires contra la embajada de Israel en 1992 y el edificio de la AMIA en 1994 , perpetrados por proxies como Hezbolá. La preocupación por el desarrollo de una bomba atómica iraní y el fanatismo religioso musulmán añaden una variable «dificilísima» a la ecuación global.

