VISIÓN POLÍTICA.
Por: Fernando Cruz Lopez
La pregunta que hoy muchos mexicanos se hacen es simple, pero profundamente inquietante: ¿por qué la presidenta Claudia Sheinbaum defiende con tanta vehemencia al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya?
No se trata de un señalamiento cualquiera. No estamos hablando de un rumor de café o de una acusación lanzada por adversarios políticos. Los señalamientos provienen de investigaciones realizadas por autoridades de Estados Unidos, las mismas que han llevado ante la justicia a importantes líderes del narcotráfico.
Según información difundida en diversas investigaciones judiciales, existen señalamientos que vinculan a funcionarios sinaloenses con estructuras criminales ligadas a la facción conocida como “Los Chapitos”. Y frente a ello, la reacción del gobierno federal desde hace mas de un mes ha sido cerrar filas y respaldar políticamente al mandatario sinaloense.
La presidenta insiste en que se presenten pruebas. Sin embargo, resulta inevitable preguntarse: ¿acaso no son pruebas las declaraciones ministeriales, los testimonios protegidos y los elementos que hoy forman parte de expedientes judiciales en Estados Unidos? ¿No es precisamente por esas evidencias que personajes relacionados con estos hechos han terminado entregándose o compareciendo ante la justicia norteamericana?
Lo más delicado no es únicamente la defensa. Lo preocupante es la intensidad de esa defensa. Porque cuando un gobernante se convierte en escudo político de alguien bajo sospecha, inevitablemente surge la duda de si protege a una persona o protege algo más grande.
México necesita claridad, transparencia y rendición de cuentas. La confianza pública no se construye descalificando cuestionamientos ni minimizando investigaciones internacionales. Se construye permitiendo que la verdad salga a la luz, caiga quien caiga.
Porque al final del día, la pregunta sigue en el aire y millones de mexicanos esperan una respuesta convincente: ¿por qué tanta prisa por defender a Rubén Rocha Moya?

