VISIÓN POLÍTICA
Por Fernando Cruz López
El pasado viernes, las fuerzas de seguridad de los tres niveles de gobierno implementaron con bombo y platillo el llamado operativo “Pescador” en la Central de Abasto de Oaxaca. El nombre sugería una redada estratégica contra los verdaderos depredadores del orden público; sin embargo, lo que vimos fue otro acto más de simulación que busca maquillar una crisis de seguridad cada vez más evidente en el estado.
Lo cierto es que lejos de combatir al crimen organizado en las regiones donde verdaderamente opera con fuerza —como la Cuenca del Papaloapan, la región del Istmo o la Costa—, el operativo se limitó a lo que siempre es más fácil: detener a pepenadores, alcohólicos en vía pública o pequeños vendedores de droga que difícilmente forman parte de las estructuras delictivas que ahogan comunidades enteras con violencia, extorsión y narcotráfico.
Todos en Oaxaca saben que los verdaderos delincuentes, los que dominan zonas completas, los que controlan rutas y cobros de piso, no fueron tocados y mucho menos molestados. Mientras tanto, en la Central de Abasto —donde todos saben quién vende droga, quién presta dinero con esquemas criminales como el de “gota a gota”, y quién se dedica a la venta de objetos robados—, se implementó un show mediático de cateos y detenciones sin un impacto real.
Este operativo revela dos cosas: una profunda desconexión del gabinete de seguridad del gobierno de la Nueva primavera, con la realidad criminal del estado, y una preocupante intención de construir narrativas mediáticas antes que resultados. Ignorando que no se combate la inseguridad con espectáculos, sino con inteligencia, estrategia, voluntad y decisión política.
En vez de gastar recursos en limpiar la imagen del secretario de seguridad publica con operativos de relumbrón, deberían voltear a ver a Tuxtepec, Juchitán, Salina Cruz, Pinotepa o Huautla, donde la violencia es real, la impunidad impera y los ciudadanos viven con miedo cotidiano. Ahí es donde el crimen organizado está fortaleciéndose, reclutando jóvenes, corrompiendo autoridades y desmantelando el tejido social.
Lo cierto es que en Oaxaca no necesitamos más operativos teatrales. Necesitamos acciones valientes, investigaciones profundas, detenciones de alto impacto y una estrategia de seguridad integral que priorice a las víctimas, a las familias desplazadas, y a los municipios tomados por la criminalidad.
Mientras el gabinete de seguridad del gobierno estatal continúe presentando a pepenadores y borrachitos como si fueran capos del narco, el crimen organizado seguirá operando a sus anchas. Y el gobierno seguirá siendo parte del problema, no de la solución…Sígame en X como @Visionpolitica7

