Visión política.
Por: Fernando Cruz López.
En la capital de Oaxaca de Juárez, el gobierno municipal está dando una señal peligrosísima: la ciudad parece estar a la deriva. A un año de haber asumido el mando, Raymundo Chagoya Villanueva, para sus cuates de parranda “Ray”, no está dando resultados, no está imponiendo orden, no está resolviendo lo básico… y cuando un alcalde no puede con lo básico, lo demás se vuelve puro discurso.
Hoy la realidad golpea: la inseguridad ya no es “sensación”, es experiencia cotidiana. La propia estadística de percepción ciudadana coloca a Oaxaca de Juárez con 75.8% de percepción de inseguridad apenas en diciembre pasado, según reportes del INEGI y la cosa sigue peor este año. Y mientras en el papel se discute, en la calle ocurren cosas: apenas el 6 de enero pasado se reportó un asalto a mano armada en el Centro, a dos cuadras del zócalo, algo que los propios comerciantes lamentan.
¿Y qué pasa en el gobierno municipal? Lo que debería ser una administración enfocada en servicios, seguridad, alumbrado, limpieza y control del espacio público, se ha convertido —según se reporta— en una pelea interna por el control del Cabildo, una fractura política que exhibe dos bloques: el del equipo de juniors incapaces que siguen ciegamente al edil Chagoya y el del grupo de Noé Jara Cruz, que solo ha buscado el poder municipal y no ha podido lograrlo.
Por ello sostengo que cuando la prioridad se vuelve el pleito por el control, la ciudad paga la factura: crece el desorden, se normaliza la impunidad y se multiplica la irritación social. Los resultados están a la vista; solo hay que caminar por la ciudad y ver el abandono en el que se encuentra y no se diga en las colonias, agencias o barrios; ahí solo existe la imagen de Ray en las bardas de cuando andaba en campaña y que aún siguen esperando que los visite.
Y sí: en la conversación pública circulan señalamientos durísimos sobre el estilo personal del presidente —que si se le ve más en bares que en colonias, que si protagoniza excesos—. Pero incluso dejando eso en el terreno de lo que la gente comenta, lo verdaderamente devastador es lo que no se puede esconder: la falta de resultados palpables y la ausencia de una conducción firme.
La capital no necesita un alcalde “de nombre”. Necesita un alcalde de calle, de orden, de decisiones. Porque la ciudad no se gobierna con pleitos internos ni con excusas, ni de bar en bar; se gobierna con autoridad, con trabajo y con resultados. Y hoy, Oaxaca de Juárez exige eso: resultados, o el relevo político… Sígame en X como @Visionpolitica7.

