Visión Política
Por: Fernando Cruz Lopez
Constantemente se repite desde de las más altas esferas del poder que “los mexicanos hoy están más felices que nunca”, casi como si el país amaneciera cada día como una estampa de los alpes suizos: gente sonriendo, niños jugando sin miedo en las calles, hospitales con medicinas y carreteras donde el mayor peligro es que se te atraviese un conejo.
Según esa narrativa oficial, México vive un idilio. Falta poco para que nos digan que aquí todos duermen tranquilos y desayunan abundante porque “ahora sí hay justicia social”. En serio, ¿de qué país están hablando? Porque el México que camina y respira en la realidad se parece más a un territorio de emergencia permanente.
Mientras se celebra la supuesta felicidad colectiva, en las morgues del país se amontonan los muertos de cada día. En las carreteras, los transportistas ya no le temen al tráfico, sino a que un comando armado los obligue a detenerse. En los hospitales, madres y padres recorren pasillos buscando medicamentos que, según el discurso oficial, “no faltan”, pero que en la vida real son un lujo imposible. Y mientras tanto, las mujeres con cáncer esperan tratamientos que no llegan, y el campo —ese del que tanto se presume— sigue tan abandonado que lo único que crece es la desesperanza.
Quizá las altas autoridades hablan de un país paralelo, uno de esos universos alternativos que tanto fascinan en la ciencia ficción. En ese México imaginario no hay feminicidios, no hay extorsión, no hay desapariciones, no hay asaltos en las autopistas ni campesinos desesperados por falta de apoyos. En ese otro México no hay personas buscando a sus desaparecidos con picos y palas, porque ahí, en ese país perfecto, nadie desaparece. Qué envidia ese universo. Lástima que no exista más que en la narrativa oficial.
El sarcasmo se vuelve necesario para no caer en la angustia. Si no fuera trágico, sería cómico escuchar que “todo va bien” mientras el país se sostiene con alfileres. Porque aquí, en el país real —ese donde no alcanzan las medicinas, donde el crimen decide rutas y horarios, donde miles de familias sobreviven como pueden— la felicidad no se decreta. La tranquilidad no se inventa. Y los problemas no desaparecen por repetir tres veces que ya no existen…Sígame en X como @Visionpolitica7

