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Irán ha anunciado este lunes que ha notificado a la Interpol una orden de detención contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y otras 35 personas a las que responsabiliza del asesinato del general Qasem Soleimani el pasado enero. La medida, que tiene escasas posibilidades de prosperar por su naturaleza política, se produce en el marco de una creciente tensión entre ambos países ante el vencimiento el próximo octubre de las sanciones de la ONU que impiden a la República Islámica la importación y exportación de armas convencionales.

“Hemos emitido una orden de detención y requerido a la Interpol que lance una alerta roja”, ha declarado el fiscal general de Teherán, Ali Alghasi-Mehr, citado por la agencia estatal IRNA. Además de Trump, la instrucción alcanza a otros 35 responsables políticos y militares de EE UU que Irán considera implicados en la operación que acabó con la vida de Soleimani. La Fiscalía les acusa de “asesinato” y “atentado terrorista”. Alghasi-Mehr ha precisado que va a perseguir el enjuiciamiento de Trump incluso después de que concluya su mandato, pero no ha revelado la identidad del resto de los imputados.

Resulta harto improbable que la ficha con la imagen de Trump se sume a las 7.304 alertas activas que recoge la web de la Interpol. La organización policial internacional ha dicho en un comunicado que su carta fundacional le prohíbe emprender “cualquier intervención o actividades de carácter político, militar, religioso o racial”. En consecuencia, si la Secretaría General recibe ese tipo de peticiones, “no las tiene en cuenta”. Interpol no ha respondido a EL PAÍS sobre si le había llegado la solicitud iraní.

Los observadores consultados ven el anuncio como una “medida propagandística para consumo interno”. Irán, que respondió al asesinato de Soleimani con el bombardeo de dos bases militares iraquíes con presencia de soldados estadounidenses, anunció en febrero que intentaba llevar el caso ante la justicia internacional. Pero también necesita un golpe de efecto ante la presión norteamericana, que no se limita a las medidas económicas.

La orden de detención iraní coincide con una campaña de EE UU para intentar extender las sanciones de la ONU que impiden a Teherán importar o exportar armamento convencional. El fin de esa prohibición el próximo 19 de octubre figura en una de las cláusulas del acuerdo nuclear firmado en 2015 y que Trump decidió abandonar hace dos años. Los iraníes disputan el derecho a revisar el pacto de un país que se ha autoexcluido del mismo y han amenazado con abandonarlo totalmente.

El representante especial de EE UU para Irán, Brian Hook, se encuentra precisamente estos días de visita en la zona para tratar el asunto con los aliados árabes. “Irán supondrá una mayor amenaza para el transporte marítimo y la navegación internacionales si se le levanta el embargo de armas”, ha declarado Hook en Riad, durante una comparecencia junto al ministro de Estado saudí para Asuntos Exteriores, Adel al Jubeir, quien se ha hecho eco de sus palabras. “El Consejo de Seguridad no puede aceptar ese resultado”, ha insistido Hook.

Sin embargo, ni dentro ni fuera del Consejo hay unanimidad al respecto. Rusia y China, que disponen de derecho de veto, ya han expresado que se oponen a extender la prohibición. Eso les pone en el bando de Irán frente a Estados Unidos.

“Es una cuestión de titulares. Washington no quiere ver un ‘Irán puede volver a comprar armas’ encabezando las noticias justo quince días antes de las elecciones presidenciales de noviembre”, interpretan fuentes diplomáticas occidentales en Teherán. “La posibilidad de que ese vencimiento modifique la realidad es mínima; Irán no va a comprar armas ni de Rusia ni de China porque tiene problemas de liquidez y además cuenta con una industria armamentística local”, añaden.

En medio del rifirrafe, la troika europea, dos de cuyos miembros (el Reino Unido y Francia) son miembros permanentes del Consejo y que también incluye a Alemania, está intentando mediar. Por lo que se ha filtrado de ese esfuerzo, los negociadores han ofrecido a Irán adelantar el vencimiento de las sanciones de la UE a la venta de armas en 2023 a cambio de que acepte una extensión del embargo de la ONU. Si Teherán aceptara unificar ambos plazos en una fecha intermedia (finales de 2021-principios de 2022) podría salvar la cara y los europeos mantendrían a flote el acuerdo nuclear que desde la salida de EE UU sobrevive con respiración asistida.

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