Entre la omisión y el ausentismo constante a sus deberes, el presidente municipal morenista Oswaldo García Jarquín, resbaló ayer en algo que puede ser el inicio de una revisión a fondo de la responsabilidad que le pueda resultar como causante de la absoluta ingobernabilidad que padece la ciudad capital.

           El cuerpo edilicio, citado a las once de la mañana para la sesión ordinaria, esperó inútilmente -como en otras tantas ocasiones- la presencia del concejal presidente y ¡no llegó!

       El ausentismo fue tomado como una burla más a los concejales que, irritados, emplazaron a los ayudantes del presidente a que le llamaran y diera una explicación de su falta a la sesión. Oswaldo mandó decir que lo esperaran a las 13 horas. Nunca llegó.

       Me dicen que sus adicciones han avanzado tanto que casi no trabaja. En lo que va del mes ha mandado al diablo otras sesiones y eventos inaplazables como el homenaje del Día de las Madres a donde llegó casi a la hora de la cena, el homenaje a Miguel Hidalgo, pero lo que prendió los focos rojos fue su inasistencia de la sesión ordinaria de ayer. 

      

        

       La sesión de cabildo sería sustancial porque en el orden del día estaba el acuerdo de la mayoría de los concejales para citar al director de gobierno del Ayuntamiento, José Monterrey. El acuerdo era discutir uno de los problemas torales de la anarquía municipal: el ambulantaje.

       En los pasillos de la sala de sesiones corría el rumor de que los regidores, por fin, iban a sentar en el banquillo de los acusados al tal Monterrey un destripado activista del FALP de donde fue echado por transa y ahora resulta ser director de gobierno municipal.  

        La decisión estaba tomada y, seguramente, le iban a preguntar sobre las negociaciones que tiene con Carmen Luján, la aguerrida dirigente de ambulantes que se deja pedir hasta 200 mil pesos por un puesto ambulante en el zócalo. La transa que más llama la atención de los regidores es la instalación de 200 puestos en el andador turístico pero el trato se detuvo por la amenaza de los comerciantes establecidos de salir a las calles a protestar.

       Comentan que la evidencia de las complicidades es la agresión que con gran impunidad sufrieron unos policías al tratar de retirar un puesto ambulante. Para no contrariar a la brava Carmen Luján, el mismo Monterrey ordenó que lo policías se abstuvieran de denunciar la agresión.    

       Pero la nota provocada ayer por el edil ausente, la dieron los regidores con sus advertencias en torno a la culminación de su paciencia. Hubo algunos que comentaron sobre los hechos notorios del alcoholismo y mitomanía del presidente municipal cuya personalidad en el poder sufre distorsión.  Basta, dicen, la certificación de algún médico especializado para constatar la alteración psíquica y como resultado de ello declarar la ausencia del gobernante municipal y designar al sustituto.

                              PRI EN AGONÍA        

 

        El PRI está en el peor momento de su historia. Un dato lo confirma. Su padrón de militantes es apenas de un millón 159 mil 320 y no los 6 millones 545 mil que hace seis años presumió como fuerza electoral en la elección de Enrique Peña.

       Lo raro es que aun en la lona, un político chapulinero, autoritario, cleptómano y frívolo cuando fue gobernador, quiere reivindicarlo. Risible que quiera hacerlo criticando los vicios que el mismo puso en práctica.

       Gobernar con despotismo, encapsulado en su burbuja del grupo “Atracomulco”, ignorar la pluralidad de la sociedad fueron los pecados de los poderosos que encumbró el PRI ese partido travestido hoy en la caricatura de Ulises Ruiz. Resulta que el ex gobernadormás odiado por el cartel 22 y sus tribus de la APPO, dice que quiere levantar al tricolor movido por el mismo principio de someterlo todo.

       En su incierta aventura de querer liderar al PRI, Ulises parece más decidido a empujar al PRI al barranco que a rescatarlo. Descalifica a sus adversarios y ha generado una polémica que sigue hundiendo al otrora poderoso partido.

       La más reciente pelotera la provocó con el gobernador de Campeche y fuerte contendiente a la dirigencia nacional del PRI, al llamarlo “personero” del presidente AMLO.

       El revire no se hizo esperar, el campechano Alejandro Moreno le dijo: tengo una buena relación con Andrés Manuel López Obrador, pero no soy empleado del presidente. Desmintió al mismo Ulises al decir que sí quiere ser líder de su partido, pero “no estoy haciendo campaña” como lo ha señalado el oaxaqueño.

       “Yo no he ido a ningún estado de la República a promocionarme y lo he dejado claro el día que haya convocatoria, reglas claras, yo solicitaré licencia al gobierno de Campeche’”, aclaró.