La familia del presidente, un respaldo incondicional

La familia del presidente, un respaldo incondicional

CIUDAD DE MÉXICO.

excelsior.com.mx

Andrés Manuel López Obrador, presidente electo, no sólo es el hacedor del movimiento de la Cuarta Transformación Histórica de México, también es el padre de cuatro hijos que, identificado con los principios de la izquierda, asegura que la familia “no es un asunto para dejarlo a la derecha”.

Una idea equivocada de la izquierda es dejar el asunto de la familia a la derecha, cuando, desde mi punto de vista, es un error: nosotros tenemos que apoyar el fortalecimiento de familias, en el sentido amplio, plural, moderno”, dijo hace apenas unos días al dar a conocer el Plan Nacional por la Paz y la Seguridad del País y destacar que la familia es la institución de seguridad social más relevante de la sociedad.

Celoso de su vida privada, forjado en la adversidad, con sentido del humor y de carácter firme, López Obrador no puede entenderse sin el apoyo de su familia, en la que se arropó durante los momentos más difíciles de su vida, como el fallecimiento de su primera esposa, Rocío Beltrán Medina, en 2003, a la edad de 46 años; los conflictos postelectorales de 2006 y 2012, así como haber sufrido un infarto agudo en 2013, sumado a lo que representó un año más tarde la fundación, como partido, de Morena, y dejar atrás aquel lejano 5 de mayo de 1989, cuando fundó, junto con Cuauhtémoc Cárdenas e Ifigenia Martínez, el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

LA MADRE DEL PRESIDENTE

Manuela Obrador, de oficio comerciante, tabasqueña, y quien fuera la madre del hoy Presidente electo, sin duda ocupa un lugar especial en la vida de López Obrador quien, con tono nostálgico y con una sonrisa tierna, recuerda, por ejemplo, la vez que su madre lo espió en la universidad, “porque no creía que estuviera estudiando”, debido a la falta de apoyo económico que entonces padeció por el quiebre del negocio familiar.

Estaba en la clase y de repente volteo a la ventana y estaba mi madre, viéndome, con sus bellos ojos negros. Salí de inmediato con mucha pena para evitar la burla de mis compañeros, caminé con ella hacia el patio y la abracé con toda mi alma”, narró Andrés Manuel López Obrador en su videobiografía Esto Soy, al reafirmar que nunca se permitirá olvidar su origen humilde.

DE LA RELACIÓN CON LOS HIJOS MAYORES

José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo —todos de apellidos López Beltrán— nacieron al seno del primer matrimonio de López Obrador, quien enviudó después de 24 años de casado en una relación que surgió con quien fuera su paisana y socióloga al inicio de la década de los años 80, en la Universidad Autónoma de Tabasco, cuando él daba clases en esa institución y ella era su alumna.

La relación de los tres jóvenes con su padre no sólo es buena, sino estrechísima, pues el vínculo familiar ha trascendido hasta convertirlos en un eje transversal del triunfo electoral y político del presidente electo pues, en buena medida, la estructura territorial de Morena se debe a ellos quienes, al igual que su padre y los dirigentes del partido, recorrieron todos los estados del país para asegurar la defensa y promoción del voto en las urnas el pasado 1 de julio, ya no como adolescentes expectantes, sino con la experiencia vivida de dos contiendas presidenciales anteriores.

Sin importar que fuera sábado, domingo o viernes por la tarde, en la sierra, la Huasteca o el Pacífico, o que faltara más de año y medio para la tercera cita con la historia, los hijos mayores de López Obrador estaban presentes en las asambleas informativas que realizaba, en promedio tres mítines por día, cinco días a la semana.

Llegaban a la plaza, convivían con la gente afín al movimiento, no importaba si la audiencia era de treinta, cincuenta o doscientas personas; todo se aprovechaba para fortalecer la comunicación con los liderazgos locales o regionales de la zona.

En la espera para hablar con su padre —estuvieran arriba o detrás del templete— eran bienvenidos los cacahuates, las pepitas, las selfies y las peticiones o demandas de ajuste en la estructura territorial a López Obrador, con quien hablaban a la hora de la comida, de trayecto a otro municipio o si la agenda no daba, hasta la cena para participarle de las novedades en torno al movimiento, adhesiones, comités y giras por venir.

Empáticos y afectivos con los seguidores del movimiento lopezobradorista, los tres vástagos —como gusta llamarlos el presidente electo— siempre han estado con él para apoyarlo en su lucha por transformar a México, y rechazan que su deseo sean los cargos políticos o los privilegios, dado que no son iguales a los hijos de los poderosos que han abusado de su posición.

De ello dieron cuenta los tres jóvenes a propósito del documental biográfico Esto Soy, narrado por su padre, previo a la tercera campaña electoral que lo llevó al triunfo el pasado 1 de julio.

Me gustaría seguir tomando café en cualquier cafetería, tranquilo, ir en Metro”, expresó en este contexto el mayor de ellos, José Ramón López Beltrán, abogado de profesión y quien, en términos de su forma de ser, es muy parecido a su padre en lo extrovertido y contacto con la gente.

DELINEAN SU COMPORTAMIENTO

De carácter más serio, pero amable, Andrés Manuel López Beltrán, politólogo, fue claro al adelantar cómo será su comportamiento durante la presidencia de su papá.

No somos estos juniors abusivos del poder, nosotros no vamos a ser parte del gobierno, no creemos en el nepotismo”, ofreció al recordar que nacieron y crecieron en un ambiente de oposición y demandas de mayor justicia y democracia.

Por su parte, Gonzalo López Beltrán, el hijo más chico del primer matrimonio, sociólogo como su madre, confió en que se llegue al punto de ver a los que están en el gobierno o el poder como personas iguales al resto de las demás.

Tiene que cambiar la forma de ver a los personajes en el poder, no como el intocable, no como el que trae los cien guaruras, sino como alguien común y corriente”.

Así, en campaña como en la transición de gobierno, los tres hijos mayores de López Obrador no dejaron de acudir al encuentro con su padre, generalmente a la hora de la comida, al inmueble de la calle Chihuahua 216, en la colonia Roma, que fue testigo de cómo el político mexicano de 65 años comenzó a tomar el poder en aras de propiciar un cambio de régimen, radical y pacífico, pero de fondo en México.

LA FAMILIA DEL PRESIDENTE

Beatriz Gutiérrez Müller es escritora, historiadora y desde hace 12 años se convirtió en la esposa de Andrés Manuel López Obrador.

Ambos decidieron casarse en uno de los momentos más álgidos de la vida política reciente de México: el plantón de Reforma, el cual marcó el conflicto postelectoral de 2006, tras el resultado de las elecciones presidenciales.

Es madre de Jesús Ernesto López Gutiérrez, El Jueche, como le dicen de cariño, y quien nació en abril de 2007, cuando López Obrador tenía 53 años.

Hoy, el hijo menor del mandatario electo y Beatriz Gutiérrez está por concluir su educación primaria, profesa cierto cariño al beisbol —deporte favorito de su padre— aunque, en realidad, le apasiona más el futbol, le va al América y desde hace tiempo que eso de jugar luchitas con su papá no es recomendable, ya porque “da unos buenos guamazos”, relató en alguno de sus recorridos por el país López Obrador.

Han pasado más de 12 años de matrimonio y Beatriz Gutiérrez y Jesús Ernesto se han convertido en la parte más importante en la vida personal de quien gobernará al país desde hoy y hasta 2024.

Ellos dos son por quienes —ha dicho el propio tabasqueño— se hace responsable y quienes de cuando en cuando “se amotinan emocionalmente” al ver que ha pasado tiempo sin verse y el reclamo no permite objeción alguna de parte del oriundo de Macuspana, Tabasco, quien en diversas ocasiones ha confesado que “ella, Beatriz, es la que me ubica y ayuda mucho”.

Y es que antes de obtener el apoyo de más de 30 millones de mexicanos en las urnas, Beatriz y su hijo también combinaron y alternaron sus actividades familiares y académicas con la lucha política y democrática de Andrés Manuel López Obrador.

Al igual que José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo, ellos participaron en los recorridos a ras de tierra por los municipios del país fuera de temporada electoral, de pasar unas horas juntos en fin de semana para comer o echar una cascarita en la sierra de Zongolica,Veracruz, o cerca de Palenque, Chiapas, con el propósito de convivir en tiempos de calidad, aunque no de cantidad por la larga lista de ocupaciones que implicaba la carrera hacia la Presidencia de la República.

Ya iniciada la tercera campaña presidencial de López Obrador, la participación de Gutiérrez Müller fue total y muy significativa.

La interpretación de la melodía El Necio dentro del documental biográfico de su esposo, dio a conocer una faceta poco conocida de Gutiérrez Müller en el grueso de la población y a un candidato y ahora presidente electo, enamorado de su compañera, que sabe sonreír y que presume los talentos de la mujer que lo ha acompañado en las derrotas, en la enfermedad y en los triunfos.

UN PARTEAGUAS

Poco tiempo después, pero antes de confirmarse el triunfo de López Obrador en las urnas, decidió marcar un antes y un después en el papel que han desempeñado las esposas de los presidentes en México, al anunciar que no asumiría el papel de primera dama, porque “todas las esposas son de primera y no de segunda clase”.

Es por esa razón que al conversar con la historiadora, de manera abierta precisa que no comparte el concepto de familia presidencial, porque a quien se eligió fue a él, no a su familia.

—¿Qué hay del concepto familia presidencial?

—De familia sí te puedo hablar, porque una familia, en mi caso, la componemos papá, mamá y un hijo, más tres hijos de mi esposo; familia presidencial no me hace sentido, a lo mejor podríamos hablar de una República, donde una familia es una parte fundamental del Presidente, por quien se votó —por cierto— no se vota por la familia, se vota sólo por una persona.

En cuanto a la convivencia y dinámica familiares, Beatriz Gutiérrez asegura que son una familia como muchas de las que existen en México.

Normal, lo que hacen todas las familias, cuando hay tiempo conviven; nosotros lo hacemos, no tan seguido como quisiéramos, a lo mejor a veces salimos a algún lugar, procuramos estar con calidad, a veces no con cantidad, porque no se puede, atendiendo todos los asuntos.

Yo creo que muchas mujeres que son esposas de políticos y gobernantes saben que en ellas recae un peso importante, porque los cargos públicos hacen que los caballeros tengan mucho más tiempo ocupado y somos muchas veces las mujeres las que hacemos el trabajo invisible que es importante, pero que hay que hacer.”

El paso dado por Beatriz Gutiérrez para ubicarse en el papel tradicional de la primera dama, es reconocido por cercanos y ajenos al coincidir en que lo realmente trascendente es dejar de rendir un culto inexplicable a una sola persona, tal como lo expresó Elena Poniatowska, Premio Cervantes 2013, a Grupo Imagen.

Se elimina todo eso de rendirle a una sola persona, cuyos únicos méritos son haberse casado con el Presidente, me parece importantísimo porque siempre hay ese endiosamiento de los que están en el poder que es muy nocivo (…) yo creo que lo importante es saber que hay un líder de un país que está acompañado de una mujer que lo ama y esa mujer es historiadora”.

Fuente: excelsior.com.mx

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