Gaby o una odisea para ser madre por tercera vez

Gaby o una odisea para ser madre por tercera vez

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Dio vida pese a que la suya estuvo a punto de apagarse. Su férreo amor a la vida y una fe inquebrantable en Dios ayudaron a Gabriela Reina Tépoz a enfrentar un embarazo de alto riesgo: tenía cirrosis hepática. El pronóstico no era halagüeño para ella, ni para su bebé.

Fue madre soltera hace dos décadas, sacó adelante a dos pequeños de 10 y 12 años. Gaby, de 34 años, era trabajadora doméstica y estudiaba masoterapia. Ahora está casada y hace un año le diagnosticaron cirrosis hepática, le dijeron que no podía volverse a embarazar, “pero jamás tuve ningún síntoma, ningún malestar, la verdad llevaba mi vida normal”.

Su objetivo era independizarse y comenzar a formar un patrimonio para sus dos hijos, cuando de repente comenzó a sentirse mal. Luego de una serie de estudios y ultrasonidos, recibe la noticia, tenía 11 semanas de embarazo.

En el Hospital de Gineco Obstetricia número 3, del Centro Médico Nacional La Raza, del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), los doctores prácticamente la regañaron por haberse embarazado, “pero además, mi hígado estaba muy afectado, por lo que el doctor sugirió interrumpir el embarazo en ese momento”.

Con su pequeño en brazos, a quien su padre amorosamente llama “pequeñín”, Gaby lo abraza y acaricia en repetidas ocasiones, mientras da Gracias a Dios, porque nunca la abandonó y hoy puede compartir su historia con Crónica.

La noticia la tomó por sorpresa y tardó una semana en asimilarlo. La llegada de un bebé la obligaba a cambiar de planes, posponer proyectos, empero, sostiene completamente segura, “jamás contemplé la posibilidad de interrumpir mi embarazo. Si Dios había decidido mandarme a este guerrero, sólo él sabía por qué”.

Todo cambió, admite, necesitaba mucho reposo, ya no podía trabajar, tenía que cuidar su alimentación, ningún tipo de esfuerzo pesado, “fue frustrante porque yo era papá y mamá de mis dos hijos… Pensaba en que quién iba a trabajar para ellos…”.

O MUERE TU BEBÉ O MUERES TÚ. “Aquí en La Raza me dijeron que mi hígado estaba muy deteriorado y que mi calidad de vida no sería la misma… me pedían que pensara mucho en mis dos hijos, que no resistiría el parto, la advertencia fue clara: “o muere tu bebé, o mueres tú, tienes que decidir. Fueron momentos muy difíciles”.

Gabriela es cristiana y tiene una fe ciega en Dios, a él le pidió que los cuidara a los dos, “lo único que podía pensar era que cómo yo iba a tomar una decisión de esa magnitud (interrumpir el embarazo) si sólo Dios nos da la vida y él sabe cuándo nos la quita”.

La mayor parte del embarazo, agrega, estuvo hospitalizada en constantes estudios y ultrasonidos, “un día me bajaban las defensas, otro día el potasio, otro día las plaquetas, siempre tenía algo… así estuve, pero en todos los estudios el Benjamín de la familia salía bien, sin ningún problema, “eso me hacía sentir que si Dios permitía que mi bebé estuviera bien en mí, era porque sus planes eran perfectos”.

Con cada ultrasonido en el que Matías salía bien, dice Gaby, confirmaba más su decisión de llevar a término su embarazo, pese a que los médicos seguían insistiendo “y lo entiendo porque buscaban cuidarme a mí por mis otros dos hijos, casi todos los días me decían lo mismo y yo nunca me quité de la cabeza que Dios estaba ahí con nosotros”.

CASI COMO UN MILAGRO. Gaby cuenta con lágrimas en los ojos, y un nudo en la garganta, que lo más difícil fue vivir la soledad del hospital, sin su familia –sus padres ya de edad avanzada y viviendo en Hidalgo, se les complicaba viajar para verla-, y solo contaba con el apoyo de su esposo Ramón –quien es técnico mecánico automotriz-, aunque por su trabajo, no siempre podía estar con ella, mientras otros pacientes si eran visitados por muchos familiares, “me preguntaba por qué, yo siempre sola”.

Recuerda que una noche un doctor de cirugía insistió una vez más en interrumpir el embarazo, y me dijo todo lo que en ocasiones anteriores de los riesgos. Lo consulté con un pastor, y me dijo que Dios sabía de mi situación, de mi estado, que no me iba a juzgar, que tomara mi decisión “y por única vez, dije sí. Ya tenía como 23 o 24 semanas de embarazo, pero con muchos dolores, me sentía muy mal”.

Como si hubiera sido un milagro, cuenta, al día siguiente, comenzaron a suceder una serie de cosas raras: dos médicos le ofrecieron una alternativa para llevar a término su embarazo con un cambio de medicamentos, el doctor que le sugirió interrumpir el embarazo no estaba, ni la doctora que llevaba su caso, además, el banco de sangre no tenía el tipo de Gaby, así que no la pudieron llevar a quirófano.

Yo pienso que los médicos hablaron, comencé a ver que las enfermeras cambiaban de medicamento pero ningún doctor de los que me atendían fueron a verme, nadie me decía que estaba pasando.

Hasta el tercer día la doctora que llevaba mi caso le pregunté qué había pasado, la doctora me preguntó que si no me había dado cuenta del cambio de medicamentos, la verdad si estaba muy enojada”.

Algo pasó que a partir de ese momento dejaron de insistir en la interrupción, la doctora me dijo que se haría todo lo posible porque llegara a las 32 semanas, aunque se tuvo que intervenir en la semana 31 de emergencia, porque se me acabó el líquido sinovial.

SU PRIMER DíA DE LAS MADRES. Hoy Matías, festejará al lado de sus papás, Gaby y Ramón, su primer Día de las Madres, con el enorme deseo de su mamá, de que pronto pueda conocer a sus hermanos, quienes ante la emergencia que vivió la familia tuvieron que irse a vivir a Hidalgo, pero la intención en el corto plazo es retomar los planes: que sus hijos estén todos juntos, ella volver al trabajo, retomar sus estudios y forjar un patrimonio para sus hijos.

Gabriela confiesa: quiero sentirme productiva, realizada como mujer y como madre, y quiero ver realizados a mis hijos. La niña, previo al Día de las Madres, comparte, “me ha dado la mejor noticia que he recibido: me avisó que el próximo año, estará en la escolta de la escuela, que era su deseo desde chiquita. Ella me ha enseñado que si luchamos, podemos alcanzar nuestros sueños”, dice mientras abraza al pequeño Matías, quien vino a darle a sus padres estabilidad emocional y unidad familiar.

Fuente: cronica.com.mx

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