Desnaturalizar la violencia  Ana Isabel Vásquez Colmenares

Desnaturalizar la violencia Ana Isabel Vásquez Colmenares

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De manera cotidiana escuchamos noticias de casos de violencia contra ,mujeres que nos llegan ya sea desde otras latitudes, desde otros estados, o en nuestra misma ciudad. Feminicidio, desgraciadamente, se ha vuelto una palabra recurrente en la agenda mediática, lo que hace que casos donde no hay muerte sino “sólo” abusos y agresiones parezcan menores. Esto me hace recordar el artículo que Rosa Montero publicó hace un par de meses en El País Semanal, sobre la permisividad con la que solemos reaccionar ante las graves violaciones que mujeres y niñas viven todos los días, poniendo de manifiesto el amplio consenso que contempla la violencia de género, como “parte de lo que conlleva ser mujer”.

Cuando ocurre un feminicidio queremos que se haga justicia. porque es evidente que solo en la medida en que los asesinos de mujeres NO queden impunes, el mensaje de cero tolerancia será consistente.

El feminicidio representa el acto más extremo de violencia patriarcal; es la expresión última de una serie de creencias traducidas en conductas, donde las niñas y mujeres son cosificadas, desvalorizadas, abusadas y finalmente asesinadas. Así es. Antes de este execrable acto suele haber una larga cadena de violencias que hoy casi tendemos a ver como “normal”. Pero no. No debe ser “normal” la humillación; no debe ser “normal” el abuso o el insulto, el hostigamiento o el acoso. No debe ser “normal” el golpe y el maltrato. Aunque sea común, no debe ser “normal” la violencia familiar.

De acuerdo a las cifras presentadas por Belén Sanz Luque, Representante de ONU Mujeres en México, 6 de cada 10 mujeres mexicanas han sufrido al menos un incidente de violencia emocional, económica, física o sexual en algún punto de su vida, producto de la desigualdad estructural que ha persistido a través de la historia entre hombres y mujeres, y que aún hoy nos sigue lacerando.

Rosa Cobo, reconocida teórica feminista contemporánea, explica con mucha claridad esta desigualdad estructural: “El poderoso currículum oculto de género en la escuela, la brecha salarial, el trabajo gratuito de las mujeres en el hogar o la expulsión de las mujeres de los espacios de decisión, recursos y poder, muestra que las mujeres son consideradas en las sociedades patriarcales como el segundo sexo. Y en esta consideración se encuentra el origen de la violencia masculina. De modo que hay que identificar una violencia invisible, estructural, oculta, que ha sido conceptualizada como si formarse parte de un orden natural de las cosas y también una violencia más visible, imposible de negar, que es sobre la se articulan las leyes contra la violencia patriarcal. En otros términos, no puede haber cambios estructurales si no se aplican políticas en las dos direcciones.”

Erradicar la violencia de género es el gran reto de nuestro sistema de procuración e impartición de justicia. Pero es sobre todo es el gran reto de prevención y el gran reto de reeducación de mujeres y hombres, no solo de las mujeres.

Los temas de género no deben ser temas de “las mujeres”. Claramente hay una parte de la problemática que es tarea de cada persona que vive en sociedad, y es justamente la de abrir los ojos y hacer consciencia, aprender a pensarnos de manera diferente, aprender a identificar y a rechazar todos los tipos de violencia, desde los más sutiles hasta los que se ven, desde los que causan lágrimas -aunque no haya golpes- hasta los que causan moretones y los que matan. Hay que empezar por casa, volvernos observantes en escuelas, centros de trabajo y en los círculos sociales donde regularmente nos relacionamos. Es preciso desaprender a reírnos de los chistes misóginos que refuerzan los estereotipos que denigran, desaprender a tolerar la discriminación, desaprender las palabras que juzgan y etiquetan, en fin, desnaturalizar la violencia debe volverse un ejercicio constante de todas y todos.

Como bien lo menciona Marcela Legarde, “El tema del machismo, el patriarcado, la misoginia es complejo. Está efectivamente en la cultura; se transmite en las canciones, en los chistes, en el lenguaje. […] Pero no solo es la cultura”; es la sociedad y sus profundas estructuras las que soportan este entramado patriarcal. Hay una estructura social desigual entre mujeres y hombres. Hacer un cambio de paradigma tal, lleva tiempo, persistencia y una socialización de gran magnitud.

Los medios de comunicación, el sistema educativo, los gobiernos, las empresas, y los organismos de la sociedad civil son cruciales en este proceso, como grandes detonadores del cambio social, desde la inclusión del lenguaje de género, la visibilizacion de la violencia, la eliminación de los estereotipos en series y programas, el incluir a mujeres en roles importantes, y el ser aliados en las campañas de prevención y de sensibilización que nos reeduquen y nos ayuden a vernos de manera diferente.

Sin embargo, debido a que la desigualdad entre hombres y mujeres es producto de una estructura histórico-social donde el control de los recursos y de las decisiones sigue mayormente en manos masculinas, nos queda claro que no todo queda en campañas de prevención y concientización. Hay una parte institucional que es primordial para desnaturalizar la violencia. Es crucial la plena implementación de la transversalidad de la perspectiva de género en las políticas públicas. Es básico hacer efectivo el derecho de las ciudadanas a contar con políticas de gobierno que atiendan SUS problemáticas sin reproducir patrones sexistas. Que no refuercen solo su rol de madres y cuidadoras. Hay que instituir desde lo institucional el cambio de paradigma, enviando un mensaje consistente a la ciudadanía.

El reto es profundo y complejo. Conlleva escudriñar en fibras muy íntimas a nivel individual y social. Transformar los factores que cultivan la violencia contra las mujeres es tarea de políticas públicas eficaces, no sólo a nivel de capacitación y difusión. Hay que orientar las políticas a cambiar desigualdades estructurales y, promover la autonomía de las mujeres, sobre todo la económica. Hay que entrarle con los varones al tema de las nuevas masculinidades. Hay que empeñarnos en construir la IGUALDAD SUSTANTIVA ¿Cuánto tiempo nos llevará reprogramarnos y desnaturalizar la violencia? El tiempo que nos tome decidirlo. La respuesta habremos de darla juntas y juntos

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