Don Rodolfo se ha puesto dos tareas: alfabetizarse y sembrar cactáceas en San José del Progreso

Don Rodolfo se ha puesto dos tareas: alfabetizarse y sembrar cactáceas en San José del Progreso

 

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San José del Progreso, Ocotlán, Oax.- Don Rodolfo José Vásquez se ha propuesto dejar en el pasado su situación de analfabetismo y además desea concluir la educación básica, porque de niño solo cursó el primer grado de primaria. Diariamente su hija María Guadalupe, quien es asesora del Instituto Estatal de Educación para Adultos (IEEA), le enseña las letras y números,  ya sea en la casa o en la Plaza Comunitaria de la comunidad, donde se reúne con los demás educandos.

 

“Hace un año que mi hija empezó a dar clases a las personas adultas, y luego me decía que también tenía que aprender, porque como nada más fui un año a la escuela desde que estaba chamaco, luego se me olvidaron las letras y los números. Hace unos meses empecé a estudiar en la casa y en la Plaza Comunitaria, situación que me gusta porque observo cómo trabajan en la computadora”, sostiene.

 

Don Rodolfo  recuerda que cuando era joven perdió oportunidades laborales porque no tenía estudios básicos y al salir de su comunidad para trabajar en otros estados, se le dificultaba tomar el autobús correcto y verificar el pago, teniendo que pedir apoyo a sus compañeros que al igual que él emigraban.

 

“Me daba cuenta que es bueno estudiar, pues se siente feo cuando nos dicen que no nos van a contratar por falta de certificado escolar. Una vez tuve la oportunidad de entrar a trabajar en el metro de la Ciudad de México; todo iba bien pero cuando me pidieron el certificado de primaria, pues no lo tenía. Antes solo ese era el requisito, porque ahora hasta el de secundaria o bachillerato piden en todos lados”, recuerda con nostalgia.

 

Con más de 60 años de edad, Don Rodolfo es un conocedor del campo, sabe arar la tierra, cultivarla y cosechar, ya que toda su vida se ha dedicado a estas actividades para llevar los alimentos a su familia y cuando hay excedente de la producción vende una parte a sus vecinos.

 

Asimismo, comenta que por varios años se dedicó a la albañilería por lo que sabe sacar cálculos matemáticos de manera mental, aunque no con la rapidez en que lo hacen los que utilizan lápiz y papel, pero ahora está conociendo los números para escribir las mediciones que hace.

 

Don Rodolfo comenta que la tierra es muy noble cuando se trabaja con cariño y el debido respeto; tratando de sembrar las plantas o semillas adecuadas que garanticen el crecimiento; si la zona es árida no se le pueden poner cultivos que necesiten abundante agua. Así también es necesario reforestar con especies nativas para conservar el suelo, que debido al uso y cambios climáticos se ha deteriorado.

 

Desde el año 2009 comenzó a sembrar pitayos tunillo en las orillas de los terrenos que tiene en la parte alta de San José del Progreso, lugar donde los habitantes han aprovechado la pulpa de la fruta para la elaboración de tostadas, nieve, pastel, mermelada y darle variedad al color y sabor del mezcal.

 

Explica que cercar los terrenos de cultivo con cactáceas evita la erosión y la entrada de animales cuando la milpa está creciendo. Pero el principal motivo por el que valoran el tunillo es que desde la plantación solo se riega una vez a la semana los primeros 6 meses, sin necesidad de mayores cuidados y si se siembra en febrero, en el mes de agosto del mismo año ya tiene frutos.

 

Junto a su pitayo preferido, Don Rodolfo comparte la técnica de siembra:

 

  • Se corta la penca del tunillo con una latilla, sosteniéndola con un hule flexible o guante, cuidando que no caiga al suelo de manera brusca para que no se maltrate.

 

  • Se deja cicatrizar el corte durante 20 días o hasta tres meses, cuando empieza a florear es momento de plantarlo.

 

  • Se hace un agujero en la tierra de al menos 40 centímetros de profundidad, se pone abono orgánico y se siembra la penca.

 

  • Es necesario ponerle agua una vez a la semana, por seis meses.

 

  • Después de la primera cosecha de tunillas, ya no es necesario el riego y el periodo de vida es de 85 años.

 

Los meses de julio, agosto y septiembre de cada año se puede degustar esta exquisita fruta en sus diferentes variedades: criolla, olorosa, huele piña, loshita y silvestre, ya sea en color rojo, blanco, naranja, rosa o amarillo.

 

“Cuando me levanto, solo tomo un café y vengo al terreno, aprovechando que a esa hora está más fresco y a medio día o en las tardes me doy tiempo para seguir aprendiendo a leer y manejar bien los números, así no me atraso en el trabajo ni en mi estudio, yo creo que cómo voy avanzando, en un año ya termino la primaria”, finaliza la plática el señor Rodolfo.

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