Air Force One, el palacio presidencial aéreo

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CIUDAD DE MÉXICO

Es un verdadero palacio aéreo. Uno que en algunas de sus partes sólo puede ser descrito como lujoso, por cierto, y que en algunas otras resulta un centro de comunicaciones, una cocina de hotel o un centro de mando.

Para algunos es una Casa Blanca aérea. Es el emblemático avión del Presidente de Estados Unidos. El Air Force One (AF-1).

Puede haber aviones privados más lujosos; pero difícilmente es posible que haya alguno con el “valor agregado” de ese avión, tanto en equipo como en imagen. El aparato azul y blanco, con el escudo de la Presidencia estadunidense en vivos dorados, es el símbolo del poderío de ese país y en concreto del poder del mandatario de ese país.

Pero los dos aviones que hoy son designados indistintamente con ese título ya son viejos, tienen 25 años. Los nuevos están por construirse.

Pero lo que ahora se sabe y ha llamado la atención es que los planes para el nuevo avión presidencial estadunidense están hechos.

No se trata sólo del avión, que se presenta desde ya como el más grande o uno de los más grandes que se hayan construido, con una longitud de 75 metros y una envergadura de casi 68 metros —en ambos casos de cuatro a seis metros más que el actual—, sino también uno que aun sin que se sepa que llevará a bordo y a juzgar por los antecedentes, estará lleno de las últimas maravillas tecnológicas.

En términos reales lo que impresiona es el precio. Un 747-8 “normal” cuesta 357 millones de dólares. Pero el avión para el Presidente de Estados Unidos no es un aparato de transporte normal.

En datos comparativos, el nuevo aparato tendrá 20 por ciento de espacio más que el actual y tendrá una capacidad de carga equivalente a unas 76 toneladas (unas once más que el que está actualmente en funcionamiento).

En lo referente a distancia, tendrá una autonomía de ocho mil millas, unos 12,800 kilómetros, en comparación con los 11,200 de los actuales.

Si el nuevo AF-1 fuera un avión de línea normal, tendría espacio para transportar unos 700 pasajeros. Los actuales serían el equivalente de transporte para 400. La cola del nuevo aparato será de la altura de un edificio de seis pisos.

Alto costo

Para dar una idea —el costo exacto se ignora—, la Fuerza Aérea pidió 102 millones de dólares para el próximo año y se estima que pedirá otros tres mil millones con el mismo fin hasta la finalización del proyecto y entrega del nuevo avión presidencial, en 2023.

Habría que precisar que no se trata de un solo avión sino dos aparatos idénticos: el Air Force One no es un avión, sino la denominación que se da al aparato en el que viaja el Presidente.

Aun así, más de 1,500 millones de dólares por aparato es mucho dinero. El secreto del costo está en lo que transporta. Y de acuerdo con por lo menos una descripción, “es el símbolo del poder y el prestigio presidencial”.

De hecho, según la descripción oficial de la Casa Blanca, “es uno de los símbolos más reconocidos de la Presidencia, generando innumerables referencias no sólo en la cultura estadunidense, sino en todo el mundo. Blasonado con las palabras “Estados Unidos de América”, la bandera de Estados Unidos, y el sello del Presidente de los Estados Unidos, es una presencia innegable dondequiera que vuela”.

De entrada, en los aparatos aún en uso hay equipos suficientes para tener en funcionamiento a la Presidencia como si estuviera en la Casa Blanca. La oficina puede no tener el mismo panorama que la Oficina Oval, pero no le va a la zaga en lujos o en facilidades.

Los aviones que ahora sirven para transportar al Presidente, dos B 747 de los primeros con las matrículas 28000 y 29000, fueron diseñados como literalmente pequeños edificios de tres pisos, con unos 370 metros cuadrados de espacio útil. Según las descripciones “extraoficiales”, pueden llevar alimentos para dos mil personas y su cocina está equipada para alimentar a cien personas a la vez.

Aunque no hay especificaciones, una descripción divulgada en Wikipedia cuenta que “a bordo del Air Force One existen instalaciones médicas, incluyendo una mesa de operaciones funcional, suministros médicos de emergencia, y una farmacia bien provista. En cada vuelo hay un médico a bordo. Además, existen cuartos separados para los invitados, personal superior, personal del Servicio Secreto y representantes de medios de comunicación; la suite del Presidente incluye un vestidor privado, gimnasio, baño, duchas, y una oficina privada. Estas habitaciones, incluyendo la suite presidencial, están principalmente situadas a estribor, y hay un gran corredor a babor. Cada vez que el Air Force One aparece, siempre lo hace con el lado izquierdo de la nave mirando hacia los espectadores como una medida de seguridad para mantener el lado presidencial del avión fuera del alcance de la vista”.

Tiene además internet, computadoras, impresoras, aparatos de telefax, una veintena de pantallas de televisión, al menos 85 teléfonos “seguros y no seguros”, redes de datos y salas de teleconferencias.

En términos de seguridad, el avión está equipado sobre todo con medidas electrónicas de defensa, pero mucha de la información alrededor del aparato es considerada como “clasificada”.

De acuerdo con los reportes, los aviones también pueden funcionar como centro de mando militar en caso de un incidente como un ataque nuclear, y en alguna medida fueron puestas a prueba el 11 de septiembre de 2001, cuando para su seguridad, el entonces presidente George W. Bush fue llevado de un lado a otro del país sin que perdiera contacto con su gobierno ni acceso inmediato a la información.

El avión viejo, aún en uso, puede ser reabastecido de combustible en vuelo y tiene lo que se describe como “medidas contra misiles antiaéreos”, sin mayor detalle.

Se sabe que el cableado electrónico interno mide aproximadamente 383 kilómetros, el doble que un 747 normal de pasajeros. Todos los cables están recubiertos por un escudo de
protección contra pulsos electromagnéticos en caso de un ataque nuclear. Los aviones además poseen contramedidas electrónicas (ECMs) para interferir los radares enemigos y bengalas para evitar los misiles que buscan fuentes de calor.

Y esos son los aviones viejos, con tecnología que ha sido actualizada constantemente, pero que será obsoleta cuando llegue su reemplazo.

“El Air Force One nos da todo lo que queremos”, dijo el historiador Robert Dorr. “Da una idea de poder, pero también transmite categoría, estilo y propósito. Es excitante verlo llegar. La gente se emociona. Lo aman”, dijo a The New York Times.

Pero para muchos otros, no estadunidenses, se trata de la fortaleza aérea símbolo del poder imperial de Estados Unidos.

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