Alivianados y gandallas

Alivianados y gandallas

 

 

Como que todos teníamos otra idea de la gente ¿verdad? Pero siempre llega el momento en que todo se descubre. Las caretas se caen y dejan al descubierto su verdadera identidad.

Desde luego que no puede uno dejar de reconocer los rostros de los alivianados. Los alivianados andan por cualquier lugar con cara de satisfacción. Caminan con paso decidido y siempre van sonrientes, estrechan manos, conocen a mucha gente y ayudan a quien lo necesita. Parece que tienen la vida resuelta, nunca se les ve preocupados por ningún problema y sobre todo, siempre tienen tiempo para los demás. Los alivianados tienen múltiples contactos que le sirven para conseguir trabajo a los que están en desgracia.

El otro personaje es el gandalla. Es la otra cara de la moneda, pero no necesariamente peor que el alivianado, si acaso, es un poco más honesto, porque casi siempre reconoce que es gandalla.

Agandallar es un medio fácil y seguro de sobrevivir y conseguir lo que necesita, pero es también todo un arte. El gandalla anda por las calles aprovechando la ocasión.

El gandalla siempre quiere ser el primero en todo y aprovecha cualquier momento para beneficio personal. Así, el gandalla llega a la hora ideal para quedarse a comer, se instala en la mesa del café hasta que algún cuate le invita, casi por lástima, algo de tomar. Llega a todas las fiestas sin que se le invite, y se hace el chistoso con los anfitriones.

El gandalla siempre se queda con la rebanada más grande del pastel. El alivianado también, aunque este último presume de ser equitativo.

Los dos personajes buscan su provecho, aunque de distinta manera. Ambos personajes viven de los demás, de las desgracias o de las riquezas ajenas. A estos se les encuentra por todos lados y no hay manera de mantenerse alejado de estos tipos.

Si tenemos un problema, siempre surge la palanca de un alivianado para resolver nuestra urgencia. El gandalla es lo contrario, se aleja de nuestra vida hasta que hayamos resuelto nuestro asunto porque no quiere verse involucrado en nada que no le beneficie.

Lo que abunda en todas partes, son los funcionarios públicos que siempre se agandallan los recursos y hacen dos que tres obras que sólo benefician a su familia o a sus cuates.

Parece que la mayoría de los políticos que han llegado al poder, tienen mucho parecido entre sí, sean o no gandallas, de todas maneras, siempre serán mal vistos por el resto de los mortales, ya que frecuentemente están a la vista y siempre son considerados por las promesas que le hicieron a la sociedad.

Lo cierto es que de acuerdo a su actividad o a su desempeño, se les clasificará como gandallas o como alivianados.

 

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