Pavo de navidad

Pavo de navidad

 

 

 

Aunque no me lo quieran creer, estamos a un pelo de rana para que este año se termine. Y para que me crean, estamos en las fiestas navideñas.

Es la época en que casi todos se devanaron los sesos pensando qué regalarle a sus amigos y colaboradores. Y de repente les llegó el alivio a la mente: regalar el gordo pavo de doble pechuga que, gracias a su tamaño, no necesita de moños ni adornos. Así que a obsequiar pavos.

De esa manera, a muchos hogares llegan de dos a tres de estos tan carnudos como insípidos animalotes. A muchas amas de casa les provoca dolor de cabeza, ya que no encuentran horno lo suficientemente grande para que entre el animal.

Después de varias horas de trabajo en la cocina, el animal horneado presentará la característica de durar mucho tiempo. Se comienza a servir en la cena de navidad, y continuará presentándose en el año nuevo, después, en la celebración del día de Reyes, y puede que por ahí del 14 febrero, vuelva a salir del refrigerador para preparar unas ricas tortas de su blanca carne.

En mis tiempos, cuando era más joven y bello, era frecuente ver el conjunto de guajolotes colgados al hombro o de alguna mujer, o eran arreados lentamente hasta la esquina de alguna calle cercana al mercado. Uno que otro expresaba su cansancio con un feo grito al que de inmediato se le sumaban los demás. El escándalo era suficiente para que las amas de casa salieran a la puerta para ver las aves. Justo en ese momento recordaban los cumpleaños venideros y el deber de celebrarlos con el clásico mole poblano. Se apalabran con el vendedor, le apachurran el pecho del guajolote (no fuera a estar muy flaco), y casi siempre compraban el más grandotote.

Después de eso, el guajolote iba a dar al patio de la casa entre cubetas, botes de basura, jergas, escobas, arena, grava y en fin, para esperar el día de su ejecución.

Tan acostumbrados estábamos a nuestros guajolotitos, que cuando llegaron los pavos gringos nos llenamos de admiración al contemplar sus redondos muslos y su gran pechuga. Aunque en realidad esas aves gigantes tienen todo menos sabor.

Con tanta publicidad, comenzamos a comprar los pavos y a olvidamos nuestros animales. Con ello, le dimos una patada despreciable a nuestro tradicional guajolotito. De esta manera, el pavo se ha abierto paso en la cena navideña, siguiendo el ejemplo de ese viejo barbón de barriga inflada y de nombre asombroso: Santa Claus.

El santa, ha reemplazado sin mucho obstáculo, a los legendarios reyes magos que tantas fantasías nos  despertaron y tantos sueños nos quitaron el 6 de enero (y lo digo con nostalgia). Los niños de algunas casas desde hace tiempo guardaron en el cajón del olvido a Melchor, Gaspar y Baltazar.

Sólo unas cuantas horas más para que volvamos a ver los clásicos platillos: el picoso caldo de camarón, los romeritos con nopales en chile rojo, el acostumbrado bacalao a la vizcaína ‑aunque parece que en Vizcaya jamás lo guisaron así‑ y los deliciosos buñuelos bañados en miel de piloncillo.

Dicen los especialistas, que en la época de fin de año es donde más cambios se realizan en los hábitos alimenticios. Se acumula grasa corporal y se sube de peso debido a que se come muchas grasas, carbohidratos y alcohol.

Te doy una receta, cortesía de la casa, para que no subas de peso: a cada bocado remuélelo alrededor de 70 veces, esto evitará que aumente la grasa en tu organismo y que tengas trastornos estomacales.

De nada.

 

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Horacio Corro

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