El racismo de los chilangos

El racismo de los chilangos

 

 

 

El problema de los maestros en el D.F. ha crecido en intensidad y se ha mantenido en el vérti­ce de la noticia diaria y de la pública aten­ción. Los acontecimientos de incomodidad se acumu­lan en la vida de millones y millones de defeños.

Todos los habitantes de la capital del país, saben que no es un movimiento disperso ni minoritario. Las imágenes que ofrece la televisión, rebasa cualquier otro antecedente: un Zócalo lleno y cientos de miles de profesores son los que desfilan y protestan sobre las vialidades más importantes de la capital, lo que provoca embotellamientos y millones y millones de pesos perdidos diariamente.

Las crónicas y las versiones testimoniales recogen la pasión traducidos en gritos, porras, aplausos y macanazos. Aseguran los de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en la ciudad de México, que no son acarreados; son protagonistas comprometidos.

La sección 22 es la que más ha destacado de entre todas, lo grave del asunto, es que para los capitalinos no hay diferencias entre una y otra, porque para ellos todos son oaxaqueños.

Dicen que el muerto y el arrimado a los tres días apesta, pero los maestros, a unas horas de que se ubicaran sobre la plancha del zócalo, ya estaban aprestando. Desde ese momento en las redes sociales, los inconformes comenzaron a llamarlos “maistros”, no maestros, y les decían contar con el repudio de todos los ciudadanos.

Si usteds se echan un clavado por las redes sociales, se darán cuenta de cuál es el lenguaje utilizado en contra de los maestros oaxaqueños. Para los que utilizan el twitter o el facebook no hay diferencia entre un maestro del norte con uno del centro o del sur. Para ellos todo son oaxaqueños, narcos, feos y marranos.

A partir de la estancia de los maestros en la Ciudad de México, se destapó el racismo y la discriminación. Los comentarios que se hacen hacia los mentores hablan de clases sociales, culturales, ideas, formas de vestir, color de piel, altura, todo lo físico, distinción familiar, etcétera.

Es cierto que todos estos maestros, de alguna manera llegaron a quebrantar la velocidad de la ciudad y alteraron las vidas de millones de habitantes.

El racismo proporciona la única oportunidad que tiene la gente mediocre de una raza determinada, de sentirse superior a otros que realmente valen la pena. Del concepto raza sale el término racismo.

La xenofobia, considerada como la base del racismo, es uno de los prejuicios con recelo, odio, fobia y rechazo contra los grupos étnicos diferentes, cuya fisonomía social y cultural se desconoce.

Desde que llegaron nuestros paisanos a la Ciudad de México, he leído un discurso racista y de clase que tiene efectos y motivos mucho más profundos que la convulsión por las interrupciones y bloqueos. Se está marcando una posición superior sobre todo lo que huele a oaxaqueño, porque según, estos son parásitos, secuestradores, vergüenza, asco, seres nocivos, abusivos, “burgueses” sin cerebro, y otro montón de calificativos.

Estoy seguro que muchos de los que hablan así en contra de los oaxaqueños, son los mismos que hace días se estremecían por la humillación de un pequeño vendedor de dulces a manos de un funcionario en Villahermosa Tabasco. Esto habla de la ignorancia o la poca crítica que la gente tiene del México en que vivimos.

Las palabras de estos chilangos llevan el mismo camino y efecto que aquella frase que durante un tiempo se pintó en las paredes provincianas: “has patria, mata un chilango”.

 

Twitter:@horaciocorro
horaciocorro@yahoo.com.mx

 

 

 

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