El arte de pensar de los maestros

El arte de pensar de los maestros

 

 

 

Muchos de nosotros estamos acostumbrados a pensar que un maestro es una persona que nos da información. Casi lo vemos como se le ve a un mesero, quien se nos acerca con una charola en la mano y nos muestra los datos que vamos a ocupar un día: dónde nació Benito Juárez, cuántos estados tiene la República mexicana, cuántos huesos tiene la mujer…

Otros ven al maestro como un papá, pues es el que corrige y pone tareas para volvernos responsables. Éste nos obliga a copiar páginas y páginas de información muchas veces inútil, a veces nos obliga a memorizar nombres de libros sin la obligación de leerlos porque él tampoco lo ha hecho. Este maestro cree que con esa técnica sus alumnos tendrán una embarrada de conocimiento, pero en realidad, salen de las escuelas sin ninguna creatividad y casi ninguna capacidad de análisis y crítica. Además, la lectura se les hace repugnante.

Hay otros maestros que buscan que sus alumnos los reconozcan y los sigan ciegamente, aunque no está claro para qué quieren estos maestros que sus discípulos le rindan culto. Por fortuna y con el tiempo, los alumnos descubren el engaño en el que andaban.

El mayor reconocimiento que puede tener un maestro de sus alumnos, es cuando éste hace que sus alumnos cuestionen la realidad. Este maestro no se detiene a con preguntas a sus alumnos, sino que les enseña cómo y dónde buscar respuestas. Este es el maestro que les siembra a sus estudiantes el hambre de conocimientos.

Desde luego que en las bibliotecas vamos a encontrar todo tipo de respuestas, pero el verdadero maestro nos enseña a valorar estas respuestas, a analizarlas, a calcularlas, a criticarlas y, en su caso, aplicarlas a situaciones de la vida real. El maestro no requiere grandes tecnologías para enseñar. Necesita que los alumnos le den calma y tiempo para reflexionar los muchos libros, ya sean en papel o electrónicos, que ayuden a interpretar el mundo que vivimos.

Todos, por naturaleza, somos pensadores,  analíticos, críticos, pero no a todos les gusta pensar porque pensar cuesta.

No dudo que dentro de los maestros de la sección 22, hay maestros pensantes. Anoche leí la Declaración de Principios de la CNTE. Después de leerla, quiero pensar que la mayoría de los mentores no la han leído, y supongo que los pensantes tampoco.

En ese documento hay desde faltas de ortografía hasta pésima redacción. Dice que la CNTE respeta la libre militancia de sus miembros en cualquier organismo político, pero aclara que cualquiera de sus miembros debe respetar las decisiones e intereses del propio movimiento.

Les anotó alguno de los puntos de su Declaración de Principios:

“Utiliza todas las formas de lucha de manera creativa”.

“Practica la crítica y autocrítica oportunas, constructivas y fraternales.”

“La CNTE es solidaria con la lucha de otros pueblos y reivindica el principio del internacionalismo proletario”

Y este último que me llamó poderosamente la atención:

“Ningún contingente tiene la facultad de revocar un acuerdo de asamblea nacional y aún cuando no se coincida, se deben acatar los acuerdos mayoritarios, ya que de no hacerlo, se agudiza el problema de la unidad.”

Sólo con estos puntos que les acabé de anotar es bueno hacerse la siguiente pregunta: ¿Cuántos maestros de la 22 se habrán dado la oportunidad de leer este documento tan importante, que les lleva a la lucha que están desarrollando? El día que lo analicen se van a dar cuenta sobre qué están parados.

 

Twitter:@horaciocorro
horaciocorro@yahoo.com.mx

 

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