Algo huele, algo viene

Algo huele, algo viene

 

 

 

La despreocupación de los maestros por el alumnado oaxaqueño sigue creciendo en menosprecio. Los padres de familia ya no saben qué hacer. Mientras unos están dispuestos a desconocer a los paristas, otros, más bien, los más, navega en la tibieza. Algunos se preguntan que quién paga la alianza entre la CNTE y AMLO; y otros quieren saber quién paga todo el movimiento de tantos días en la ciudad de México.

Hay una cosa segura en el sentir general: algo se aproxima. Nadie sabe qué es, pero algo viene. Los padres de familia saben que el único ejército organizado del país son los integrantes de la Coordinadora Nacional. Saben que es el único grupo gigantesco en México, que tiene la capacidad de movilizarse y desplazarse de un lugar a otro en cuestión de horas.

La gente huele algo en el ambiente. Reconoce que las cosas no andan bien políticamente. Es por ese motivo que la gente no se mueve contra el magisterio, está a la expectativa y no sabe en qué dirección llegará lo desconocido.

A veces, por más que me devano los sesos, no alcanzo a entender cómo es que los políticos, tienen esa capacidad de presentarse públicamente con doble rostro y  con doble ánimo. Creo que soy yo el que no quiere entender cómo son los políticos.

Hasta hace poco, poquito más de un año, para el PRI, para la campaña de Enrique Peña Nieto, los líderes magisteriales eran los mejores, se les llenaba de halagos y los sentaban en lugares preferentes. Unos años más atrás, a los maestros del Revolucionario Institucional, se les presentaba al pueblo como excelentes candidatos que reunían y encarnaban las virtudes priístas; los sentaban en el presídium de las reuniones partidarias o de las ceremonias solemnes para el culto a la personalidad del Presidente en turno. Ellos eran los sacerdotes ejemplares e insustituibles en la concelebración de las fiestas revolucionarias que el pontífice del poder encabezaba. Pero de pronto, ya en el retorno del PRI al poder, éste descubre que no eran buenos ni virtuosos, que son malos, corruptos o conspiradores. Y trata ahora de desaparecerlos de las nóminas de pago. Y en ese tránsito de ángeles a demonios, miles de niños oaxaqueños se encuentran en la orfandad docente.

El desinterés de los maestros por los alumnos ya no es gratis, ahora es el puro orgullo lo que los sostiene a permanecer en la capital del país. No quieren regresar con la cola entre las patas. Quieren demostrar a todos que lograron algo de los que querían. Que no regresan con las manos vacías, es por eso que su estadía en la capital del país se prolongará otro tiempo.

En realidad, el pueblo mexicano siempre ha luchado por la paz. Siempre ha buscado todos los otros caminos posibles antes que acudir a la violencia de las armas.

Corresponde al gobierno, al gobernante, medir los tiempos de la paz y recordar, para la impaciencia, que la frontera entre la desesperación y la violencia es tan tenue, es tan frágil, que puede conducir al error irreversible.

De todas maneras, algo huele. Viene algo. No se sabe qué es pero se acerca, y los padres de familia de Oaxaca, permanecen a la expectativa.

 

Twitter:@horaciocorro
horaciocorro@yahoo.com.mx

 

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