Los valores del cambio

Los valores del cambio

Desde siempre se ha sabido, que los desmanes etílicos, alcohólicos pues, no se producen precisamente por la generosidad de las ofertas. El alcoholismo es un mal social, una tragedia, y es adoptada por el hambre, la angustia, el desequilibrio emocional, el desenfreno extraviado de un medio injusto, corrupto y miserable.

Muchos creen que quitando las ofertas de alcohol, los borrachos se convertirán  automáticamente en abstemios, pero eso es una auténtica fábula.

Lo alarmante del asunto, es que entre los consumidores se encuentran muchos menores de edad. Si no me creen, dense una vueltecita por las calles céntricas de la ciudad de Oaxaca para que ustedes mismos lo comprueben. Los jovencitos entran y salen de los bares a altas horas de la noche.

Muchachas con las mejillas apenas florecidas y adolescentes con la incipiente mancha del bozo sobre los labios, ya son estrellas del alcohol. ¿Qué orilla a esos jovencitos de perfiles tan dramáticos?, ¿la miseria? ¿La ebriedad que abona la inmensa proporción de los delitos violentos? ¿Los tóxicos que ofrecen torcidos caminos de evasión? ¿Los cambios de clima?

Si la memoria no me falla, fue en diciembre del ’78, cuando Arturo Durazo Moreno, ordenó que para que con toda tranquilidad los defequenses festejaran los días navideños, “la policía se convertiría en verdadera servidora de la ciudadanía y protectora de sus bienes”. Así pues, todos los borrachos que la policía encontraba en la calle, los acompañába hasta sus domicilios. Tiempo después, se supo que el Director de la Policía del D.F. vendía esa protección a los consumidores de alcohol a través de los antros del vicio.

El segundo lunes del cerro, el gobernador del estado, tuvo como invitado de honor a un super borracho en el auditorio del Cerro del Fortín. Se trata del actor Roberto Palazuelos, quien dio un espectáculo vergonzoso. Pues mientras la delegación de Loxicha realizaba su presentación, el invitado de Gabino Cué, se levantó a saludar al público asistente, como si la gente hubiera llegado al lugar para ver a ese zonzo.

El Secretario de Seguridad Pública, Marco Tulio López Escamilla, asegura que el protocolo de seguridad para entrar a la Guelaguetza, se cumplió al cien por ciento, y que ninguna persona entró ni salió en cuatro patas. Al preguntarle sobre la actitud del actor en el auditorio, dijo que no sabía nada al respecto.

Eso es perder la dignidad: hacerse el ciego para conservar la chamba.

Pienso que trajeron a ese tipo como invitado especial, para que los jóvenes oaxaqueños se inspiren en un borracho e ingresen a los vicios y desbaraten sus vidas a cambio de unas cuantas monedas como en la época del Negro Durazo.

No hay que olvidar el actuar de la policía estatal, quien subió y bajó al beodo, bajo la complacencia de las autoridades estatales. La policía indica  y refleja la postura de nuestros gobernantes.

Hipócrita y servil fue el actuar de la policía estatal comandada por Marco Tulio López Escamilla. Le dieron más atenciones al briago Palazuelos, que a las delegaciones de la Guelaguetza.

Fíjense nada más quien nos vino a honrar a los oaxaqueños con su presencia. Pero ni modo, esos son los valores de nuestras autoridades gubernamentales. Esos son los valores del cambio. ¡Pa’su mecha!

Twitter: @horaciocorro
horaciocorro@yahoo.com.mx

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